Lucha de egos.

Hace un algún tiempo una amiga muy cercana me preguntó ¿ve pero qué son los egos? ¿cómo me doy cuenta de mis egos? yo me quedé callada tratando de proporcionarle mi mejor respuesta y le dije: Es el antídoto pero también el veneno. Identificas el ego cuando lloras, estás triste, te sientes mal, te enojas, sientes soberbia y todo aquello que en lugar de ayudarte en algo te perjudica en todo. ¿Porqué el antídoto? Porque sin el no tendríamos la posibilidad de darnos cuenta lo mal que estamos, lo débiles que podemos ser y todo el trabajo que debemos hacer para fortalecernos. El ego, en mis palabras nos recuerda que nos han dado una vida para transformar todas las debilidades en fortalezas, aunque prefiramos creer que venimos a otras cosas, cortesía del mismo ego que solo se interesa por el, hacer sufrir e impedir a toda costa la evolución de nuestras mentes y la plenitud de nuestro espíritu. Su colchón de comodidad son las ilusiones y en ellas pretende dejarnos siempre.

Lo anterior me recuerda una vez que le dije a una religiosa que que sentido tenía odiar los demonios o a Satanás, si esos seres tal como ella decía -se aprovechaban de todas nuestras debilidades- lo cual era algo positivo para mí, entonces en lugar de verlos como nuestros “enemigos” yo los veía como aliados, porque de no tener ellos esos “bajos” propósitos ¿Cómo nos daríamos cuenta de que estamos equivocados? ¿cómo reconoceríamos que nuestro accionar es el indicado?  Algunos le llaman Satanás, otros, demonios, Lucifer, Seth, Shiva, etc, en mis palabras yo le denomino El Ego, para mi todos en lo absoluto tienen una misión: recordarnos que a esta vida vinimos a evolucionar. Cada prueba por muy difícil que sea, cada enojo, cada emoción negativa desatada tiene profundas raíces en nuestro inconsciente que nos recuerdan con frecuencia el trabajo que tenemos como humanos. De no ser superada la prueba, ni identificada la raíz del problema seguiremos viviendo continuamente la misma situación hasta el último día de nuestras vidas, es decir, hasta que no conozcamos nuestros demonios no podremos ser un ángel.

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